lunes, 6 de octubre de 2008

me guardo los besos

Me guardo los besos.

Para colmarte de recuerdos en tus momentos de silencio.

Mientras empujo suavemente de tu denostada existencia.

Te escondo las sonrisas y cuando solo te quede la mirada, te reconfortaré con mis

Suspiros.

Escatimo las palabras y así el mundo sin sonido que te entierra, escuchará los sonidos

De mi alma.

Aquí te mando una mirada, aparta tú las lágrimas que la envuelven y luego otra sin prisa.

Te escondo el tiempo, lo paro con el peso de los recuerdos alegres.

Te raciono las gratitudes para no empacharte de dulzura, te quiero tanto que apenas si

Puedo demostrar te lo.

Me guardo los besos para derramarlos en tu cuerpo con el amor de hijo.






Para mi madre. para las madres, para tu madre.

2 comentarios:

Reinaldo del Orbe dijo...

Jaume te dejo esto...

En la periferia del ojo patina el aprendiz de vuelo,
oculto tras el centro de la visión.
Una nube bajo tus pies con las mascaras de santo
se corre en el andamio del pecado.

Casi mil cabezas han pagado lo justo por volar,
las sillas vacias ensalsan al aristócrata.

Un salón en silencio increspa en la cabellera
el miedo a punto de ser vomitado.
Los dolores que expulsan lo no necesitado
es la verguenza de un miserable.

La primera experiencia tomó tiempo;
una cautela inservible, añorando ser victima del sueño.

Cuatro campanadas despues, otro ronda;
casi insustituible.

Al pisar los cimientos pisé a mi madre;
mientras era poseído por ganas de escupir;
nuevamente su viejo rostro.

Al vivir en la mufre mezclé impulsos
de lo desconocido; edificios viejos pero nuevos a la visión.

Por el norte el primer pecho fue satisfecho por el ojo que todo lo traga,
hasta que se acentuó en la nueva tierra.

Me envolví con el cristo de la peste de los dragones blancos del fierro,
del picor del monte que abre y cierra su entrecejo;
cual si fuese un molusco de fantasía.

El dolor es el labio con el que el tiempo te besa,
es el pelo bajo el espectro que te incita.

Hoy no quiero rosas, ni palabras calvas,
alguna presencia, o duendes sin raices. Dame aquella vénula
de la ambrosia helada.
Quisiera haber creado todo, aquello que es diáfano,
lo crisalifantino.

La estatua humana figura como un Bhuda en el desierto.
Como una idea de un vivo perdida entre los muertos.
Quizas como mi propio mito, creí poder crearlo todo.

En mi casa con la sal de los tormentos, he matado al viejo Dios,
y en mi pecho he forjado al nuevo creador, al mismo de ayer, el mismo desde entonces.

Todo en la talega es de uno.
¿Sabias?
Yo controlo.

ginesta dijo...
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